CULTIVO Y CUIDADOS

 EN CASA

 

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Disponer de aloe vera en casa, contar con nuestra propia cosecha particular, nos da la oportunidad de aprovechar al máximo sus propiedades. Si no disponemos de un terreno o de un jardín, podemos considerar la plantación en macetas.

 El aloe necesita una tierra porosa e incluso arenosa para alcanzar su madurez. Si la tierra de la que disponemos no es lo suficientemente porosa , entonces resultaría conveniente mezclarla con un poco de arena. Es importante evitar los fertilizantes químicos, así que en caso necesario podemos añadir ceniza de huesos como abono o bien cualquier abono orgánico (estiércoles maduros, compost, vermicompost, guano...) Una tierra rica en nutrientes y ligeramente ácida, favorecerá el crecimiento de la planta.

En el caso de tener el aloe en macetas, estas deben ser de buen tamaño pero no demasiado, ya que una maceta excesivamente grande propicia el crecimiento de la raíz en detrimento de las hojas. Una medida de 50-60 cm. de diámetro es más que suficiente. En este caso debemos poner una capa de grava en el fondo de la maceta y asegurarnos de que el orificio de la base de la maceta no queda obstruido  para asegurar un buen drenaje.

RIEGO

 

El aloe puede guardar importantes provisiones de agua, por ello, si las regáramos a menudo podríamos acabar ahogándolas . De hecho una de las formas de acabar con la planta es regarlas con demasiada frecuencia.

La clave del éxito consiste en regarlos a fondo pero no demasiado a menudo. Dale aproximadamente 1/4 de litro a una planta joven y entre 3/4 y 1 litro a una planta de dos o más años. Deja que la tierra se seque completamente hasta el próximo riego.

Si tienes el aloe en el exterior durante todo el año (en la tierra, no en maceta) sus raíces serán más largas al no verse limitado su crecimiento por la maceta, de este modo buscará el agua del rocío o la bruma matinal y con el agua de la lluvia será suficiente. No obstante, si los riegas, es aconsejable hacerlo por la mañana para que el exceso de agua pueda evaporarse a lo largo del día. Evita regarlo con tiempo lluvioso o nublado.

 

El aloe no soporta la exposición a temperaturas demasiado frías. Cuando son aún muy pequeñas, debemos protegerlas de los rayos directos del sol del mediodía en verano. Si la hemos tenido durante algún tiempo en el interior, deberíamos tener cuidado al exponerla a la luz del día y hacerlo gradualmente.

En zonas templadas podrás sacar el aloe al exterior durante la estación cálida. Hay que recordar que los aloe no son plantas de crecimiento continuo, entran en reposo durante un periodo del año (que en zonas frías y templadas puede durar unos 6 meses).

En zonas de climas muy cálidos (tropical y subtropical) el aloe puede estar durante todo el año en el exterior (su periodo de reposo, en este caso, es más corto).

TEMPERATURA

Los aloes son plantas con flores, aunque obtener las semillas no es cosa fácil, sobre todo teniendo en cuenta que los aloes no se polinizan a si mismos, al menos en invernadero o apartamento (recuerda también que es muy difícil que un aloe florezca en maceta y dentro de casa) es decir que el polen de una flor que se deposite en el pistilo de otra flor de la misma planta, no producirá semillas. Para que haya polinización, el polen debe proceder de otra planta que no sea un clon de la primera.

Una alternativa es la reproducción vegetativa, que puede realizarse tanto con retoños de la planta, como con una sección del tallo (o a lo sumo una hoja) Ambos métodos producen dobles genéticos o clones. Cuando estos retoños exhiban claramente una forma de roseta, no dudes en separarlo sin miedo de la planta madre excavando un poco y extirpándolo. Trasplanta los retoños en primavera.


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Fuentes:
                 "El poder curativo del Aloe Vera". Robert Dehin. Ediciones Robinbook, s.l.

              "Aloe vera: la planta de las mil caras (y todas buenas)". Mariè Morales López. Tikal Ediciones.